“El que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe”

1er lugar

Calaverita literia

Diego Bustos Tierrafría

-Hay lugares -dijo la muerte-

Que visitar en noviembre ansió

Uno de ellos es Celaya

La puerta de Oro del Bajío.

-Y es que tradiciones sobran

Desde que era tierra de mezquite

Pues de generación en generación

Su historia siempre se transmite.

-Una vez tuvo tanto trabajo

Que la flaca casi se desmalla

Pues a cargo estuvo de los restos

De las batallas de Celaya.

-La muerte visita la ciudad

En 1570 fundada

Porque amante es de la cajeta

Y su favorita es la envinada.

-Tambien está ella enamorada

De la arquitectura en estas tierras

Sobre todo de los templos

Grandes obras de Tresguerras.

-Hay un día que disfruta la muerte

y es el paseo de las luminarias

Pues baila y pasa inadvertida

Y aprecia lindas indumentarias.

-Cuando nadie muera en Celaya

No hay que ser muy suspicaz

Es porque en sus calles paseando

La muerte descansa en paz.

2do lugar

Calaverita a la tierra de los cajetirriachuelos

Jessica E. Méndez

En el llano plano mezquitetupido

mejor conocido como pueblo cajetoso del Bajío

Se corren rumores, chismetenebrosos

mejor conocidos como cuentos espantosos

que asustan a los pueblerinos.

Mecenas del arte actual, son las animas ricachonas 

que emigran todo el año del mundo de los muertudos

a los puestos de comida en estas calles bonachonas 

como la Emeteria Valencia de las tres conchas chismorrudas

o los muñequitos del tal Oviedo, títeres embrujosos,

la señora enlutosa que se pasea en su carroza

o la niña taconuda, la bruja herrejonuda

y la muchacha demonioposeida.

Acá en Zalaya con E de ermosa y C de comida

los males se curan con llenar la barriga 

flacas huesudas no apetecen a sus habitantes

y los puestos de gordas florecen en cada esquina.

Por eso corren rumores de que la huesuda 

le da miedo venir a rendir cuentas

y aunque trae ganas de pacharelas, cajeta y gordas

no le hace frente al charro vestinegrudo 

en primera por cobarde y en segunda…

porque ya tuvieron sus queveres en el otro mundo

Por eso no hay ley en este rancho, ni miedo a la huesuda

Entre nosotros nos matamos

Y le ahorramos el trabajo de arriesgar la galanura.

3er lugar

Aquí me quedo

Paola Klug

Estaba la huesuda turisteando aquí en Celaya

comiéndose una gordita frente a la bola del agua,

un fantasma de sorpresa la tomó por descuido:

– ¿Qué pasó doña Catrina?  ¡cómpreme un gatito!

Traigo azules, rosas, verdes y también caramelitos.

La muerte sin remedio, tuvo que desembolsar y

comprarle a Don Graciano gatitos a reventar.

Siguió con su camino por la Alameda y el jardín

por el puente de las monas y hasta por el Ximhai.

Ya caída la tarde, fue a visitar el panteón norte

fue cargada de cajeta, de buñuelos y hasta elotes.

Cansada del paseo, descansaba en una tumba

cuando sin más, de repente, comenzaba una trifulca.

Que si el pan, que si los de antes, que si eran los de ahora

que si azules o amarillos o si verdes o si fucsia.

Todos iban bien trajeados- simulando a los catrines

echándose la bola como buenos parlanchines.

La muerte muy enojada puso un alto a ese borlote

¡En mi patria todo es parejo! – le gritó a los zopilotes.

La huesuda caminó hacia Valentín Mancera

dejando flores en la tumba y una reverencia sincera

Y es que a veces la muerte, también honra a los valientes

Con un canto, una mirada o un castañear de dientes.

Y aunque muchos no quisimos,

ella se quedó de planta,

porque a final de cuentas, se enamoró de Celaya.

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